jueves, 9 de febrero de 2017

Una década del cuento dominicano, por Rafael Peralta Romero

Rafael Peralta Romero


Al concluir el ensayo con el que acompañó su antología titulada “Veinte cuentos de autores dominicanos”, don Max Henríquez Ureña escribió lo siguiente:

“No son pocas las esperanzas que se cifran en la nueva generación, cuya labor es fecunda y brillante. A medidas que el tiempo pasa, vemos que tales esperanzas no son vanas, puesto que esa generación empieza ya a producir obras fuertes y bellas”. Era 1938.



Jóvenes de ese momento eran Juan Bosch, que estaba por cumplir los treinta años, Tomás Hernández Franco, treinta y cuatro, Ramón Marrero Aristy, veinticinco y otros autores que publicaron sus primeras obras antes de 1930, tales como José M. Pichardo, Gustavo Adolfo Mejía, Manuel Patín Maceo y César N. Perozo y por supuesto José Rijo, incluido en la antología de don Max Henríquez, cuando sólo contaba veintitrés años y sobre quien cayó muy efectivamente el vaticinio del antólogo.

El siglo veinte se inaugura con cuentistas de indudable importancia, entre ellos José Ramón López, autor de Cuentos Puertoplateños, publicado en 1904. Con este escritor comienza a hablarse del cuento en sentido estricto. Antes, muchos publicaron leyendas, consejas, cuadros de costumbre y otras formas de la narración breve. También hubo los cuentistas ocasionales que escribieron uno o dos cuentos.

Fabio Fiallo, más celebrado como poeta, ofrece en 1908 sus “Cuentos Frágiles” y en las dos décadas siguientes aparecen algunos cuentistas que motivaron a Max Henríquez Ureña a expresar las palabras que hemos citado al principio de esta exposición.

En este período surge también Sócrates Nolasco, quien ha ocupado posiciones señeras en la historia de nuestra narrativa con sus cuentos de tema sureño, interés por lo autóctono y la vida contemporánea.

La novela tiene en ese momento un buen repunte. El vegano Federico García-Godoy, con su trilogía compuesta por “Rufinito”, “Guanuma” y “Alma dominicana”, es un buen ejemplo de ello. Pero también lo es Tulio M. Cestero con su novela “La Sangre”, clásico dominicano, y Andrés Francisco Requena con “Los enemigos de la tierra”, todas aparecidas en el primer tercio del siglo 20. Es un momento de gran crecimiento literario e impulso de la narrativa, cuando aparecen además, “La Mañosa”, de Juan Bosch, y “Cañas y Bueyes”, de Francisco Moscoso Puello.

En su voluminosa antología titulada “La narrativa yugulada”, la mas amplia que se haya realizado sobre la cuentística dominicana, Pedro Peix, su autor, no incluye a Fabio Fiallo ni a José Ramón López, no obstante ser este ultimo el primero en publicar un volumen de cuentos y haber sido designado con su nombre el Premio Nacional que sobre el genero otorga el Estado.

Peix considera a López autor de los primeros escarceos, tentativas, bosquejos del cuento dominicano, pero no del cuento mismo. Esto ocurre porque el conocido cuentista sitúa el nacimiento de la narrativa breve en nuestro país
a partir de 1930.

Lo contradictorio de este asunto es que Peix juzga a Bosch el “verdadero precursor del cuento dominicano…”. Se sabe que es parte de nuestra tradición considerar a López el precursor. Quizás convenga recordar lo que sobre esta palabra indica el Diccionario:
Precursor: “Que precede. Que profesa o enseña doctrinas o acomete empresas que no tendrán razón ni hallaran acogida, sino en tiempo venidero”.
Somos muchos los que hemos andado con la idea de que es López el precursor y es lógico pensar que si el cuento nace con Juan Bosch, entonces al autor de La Mañosa no se le puede considerar precursor, sino el primer cultivador del cuento desde todas sus formalidades, pues el precursor debe ser aquel que actuó antes del acontecimiento que se esperaba, como Juan Bautista con relación al nacimiento de Jesús.

Lo que si damos como hecho cierto es que en la década de los 30 aparece un grupo de escritores que marcarían definitivamente el surgimiento del cuento con el rigor de género independiente provisto de leyes formales y rasgos literarios y lingüísticos claramente definidos. A su vez se estableció la diferencia de este tipo de escrito con la diversidad de textos narrativos, y que por tanto cuentan hechos, pero que corresponden a otras denominaciones.

En tal sentido, hay que citar a Juan Bosch, Ramón Marrero Aristy, José Rijo, Freddy Prestol Castillo y hasta cierto punto a Rafael Lamarche. La mayoría de los cuentistas eran de origen provincial, por eso parten de arquetipos rurales, con la tierra como escenario.
Juan Bosch

En 1933 aparecen los primeros cuentos de Juan Bosch en el volumen Camino Real. “Sólo entonces puede afirmarse que el cuento es asumido como una convención literaria, como un genero excluyente que tiene sus propias leyes formales, su propio código narrativo inscrito en una estructura que no acepta digresiones ni tolera remembranzas o introducciones caprichosas”. (p.7) Peix.

Bosch y los cuentistas que crecieron en torno a el en los años treinta representaron una marca importante en el quehacer literario y ellos no estaban por debajo de quienes escribían cuentos en otras regiones del continente, en cuanto a los recursos estilísticos utilizados y la temática abordada.

Juan Bosch publicaría después tres considerables volúmenes titulados Cuentos escritos en el exilio, Mas cuentos escritos en el exilio y Cuentos escritos antes del exilio. Su manual Apuntes sobre el arte de escribir cuentos, sirvió a generaciones de jóvenes escritores de aquí y de América para dar sus primeros pasos en el complejo oficio de cuentista. Es decir, hay razones para estimar que la década de los 30 significa el real punto de partida de nuestra cuentística.



Ramón Marrero Aristy (1913-59)

Publicó el volumen de cuentos Balsié en 1938 y su celebrada novela Over en 1939. Había publicado en 1933 un texto considerado libro de juventud con el titulo Perfiles agrestes (biografía de Trujillo).

Respecto del libro Balsié, el propio autor se permitió clasificar su contenido en narraciones, estampas y cuentos, como aparece en la primera edición de editorial Caribes en 1938.

Bajo la pesada atmósfera de la Era de Trujillo, Marrero trabaja un realismo que describe las desigualdades sociales y la explotación del hombre, más que por el hombre, por el sistema social y económico imperante. Las precariedades en que se desenvuelve el hombre de campo o los abusos de los centrales azucareros con su personal más humilde brotan de las páginas de Marrero con fuerza visible.



José Rijo, ( 1915-1992)

Publicó sus cuentos en los periódicos de la época durante las décadas 30 y 40, mucho después (1978) los recogió bajo el título Floreo. También dio a la luz el texto “Entre la realidad y el sueño”. Se le menciona como “una de las principales columnas del primer eslabón del cuento dominicano”. Su producción no es voluminosa, pero de relevante valor en los detalles formales.




Freddy Prestol Castillo (1914/1981)

Nacido en San Pedro de Macorís se movió por distintos puntos del país en cumplimiento de tareas profesionales.

También pertenece a esta etapa de despegue del cuento, de él se ha dicho que tuvo un “ejercicio promisorio” en la narrativa, pero sus cuentos quedaron dispersos en las páginas de los diarios. Oportuno es el momento para sugerir a la Secretaría de Estado de Cultura disponer el trabajo de recopilarlos para que en la próxima feria del libro sean presentados en un libro, como un homenaje mínimo a este narrador, salvado del olvido por la persistente presencia de su novela El Masacre se pasa a pie, una de las mas vendidas de nuestras librerías. En su narrativa se destaca la fuerza expresiva y un grato tinte lírico.

Al poeta Rubén Suro, quien conoció a Prestol en los tiempos juveniles, cuando intercambiaban ideas y lecturas, se refiere a los cuentos que publicaba semanalmente Prestol en Listín Diario y que el grupo Los Nuevos, en La Vega, los esperaba ansiosamente. Suro ha escrito un magnifico comentario que me parece oportuno compartir con ustedes.

“En el cuento de Freddy latía la tierra dominicana. Sus raíces telúricas las encontramos en los diversos sitios del país donde sentaba sus reales en el desempeño honesto de una carrera judicial brillante. Sus frecuentes contactos con nuestro campesino se reflejaban de manera admirable en cuanto narraba. La maestría de Bosch en la descripción del paisaje criollo y el diestro manejo del diálogo de Marrero Aristy se juntaban en una prosa fácil repleta de imágenes novedosas que surgían espontáneas, libres de rebuscamientos. Escribía al correr de la máquina. Creo que lo que le resultaba más trabajoso era volver a leer lo ya escrito a toda velocidad. Después de concluida la obra, ¡cosas de la prisa!, en los originales, tener que pescar las erratas, encontrar un gazapo, sustituir una palabra por otra…Eso, sabemos, no era de su predilección. Sabía que debía hacerlo, lo pensaba, mucho, muchísimo…y al fin se decidía”.

“Ahora, y para terminar, sin salirme de las fronteras patrias, me atrevo a asegurar que , entre los nombres de Juan Bosch, Ramón Marrero Aristy y Tomás Hernández Franco, los clásicos de la nueva narrativa dominicana, hay que agregar otro nombre: el de Freddy Prestol Castillo. Y si hubiera alguien que dude ¡que lo diga después de que lea a Pablo Mamá”
(Contraportada de Pablo Mamá, Taller, 1985 )

Los cuentistas del 30 marcaron este quehacer y los resultados se vieron de inmediato en los escritores de la década del 40, en quienes dejaron su impronta, tal el caso de Ángel Hernández Acosta.

Algunos historiadores de la nuestra literatura sostienen que después de la década del 30, la narrativa dominicana entró en crisis, es decir que se estanco. Pero sin ánimo de pleitear me permito traer a colación unas noticias curiosas sobre la producción literaria en nuestro país.

Según datos del historiador Frank Moya Pons, en su valioso libro Bibliografía de la Literatura Dominicana, durante el siglo 19 se publicaron 58 obras literarias en diez variedades de géneros, de las cuales hubo siete novelas y dos libros de cuentos.

Si comparamos estas cifras con lo ocurrido en el primer tercio del siglo veinte, concordaremos en el auge constante de la producción literaria narrativa. Veamos: En las primeras tres décadas del pasado siglo se publicaron, de acuerdo a los registros de Moya Pons, 42 novelas y 26 volúmenes de cuentos. La poesía, por supuesto, ocupó los primeros lugares con 228 libros en ese período.

Nada han de extrañar estos datos, habitando como habitamos, en una tierra muy fértil para la poesía. Pero es bueno observar cómo viene creciendo el número de publicaciones de obras narrativas, ya que en el segundo bloque de tres décadas, es decir 1931 a 1960, se cosecharon 98 novelas y 67 libros de cuentos. La cantidad de libros de cuentos lanzados en esos treinta años resulta superior a la totalidad de obras de autores dominicanos editadas en todo el siglo 19.

Es a partir de la tercera parte del siglo veinte cuando el cuento supera a la novela. Moya Pons registró para el período 1961-1990 un total de 151 novelas publicadas y 160 libros de cuentos.

Quizás resulte antojadizo, pero yo me permito asociar esta producción narrativa de la séptima década hacia acá con la década del 30. Es que quienes comenzaron a destacarse en los 60, nacieron, biológicamente, en la década del 30, para así aumentar los meritos de esta etapa en la narrativa breve dominicana.
Los nacidos en la década de los 30

La década de los treinta ha sido generosa para la cuentística nacional por la pléyade de narradores nacidos durante ese período. Vale recordar a escritores como:

Abel Fernández Mejia (1931)
Marcio Veloz Maggiolo (1932)
Carlos Esteban Deive (1935)
Armando Almánzar (1935)
Efraín Castillo (1935)
René del Risco Bermúdez (1937)
Iván García (1938)
Rubén Echavarría (1940)

Sobre ellos ha caído también la predicción de Max Henríquez Ureña y desde luego, ya no son promesas, sino realidades palpables de la literatura dominicana.
“No son pocas las esperanzas que se cifran en la nueva generación, cuya labor es fecunda y brillante. A medidas que el tiempo pasa, vemos que tales esperanzas no son vanas, puesto que esa generación empieza ya a producir obras fuertes y bellas”.

(Palabras de Rafael Peralta Romero para intervenir en el coloquio “Homenaje al cuento”, el 22/4/09 con el tema El cuento dominicano en la década de los 30).


Nuevos libros de cuentos infantiles


Nuevos libros de cuentos infantiles

Rafael Peralta Romero
Santo Domingo

Podría iniciar esta disertación señalando que el único objetivo didáctico justificado en la literatura infantil es la creación de hábito de lectura  y el perfeccionamiento del buen gusto en nuestros niños.
Por eso me parece que las obras literarias destinadas a la niñez tienen un importante rol que desempeñar  para el desarrollo de toda sociedad, no obstante que éstas deben  servir a los pequeños como instrumento lúdico.
Resulta de primera importancia el papel de la literatura infantil en el proceso de desarrollo de los futuros ciudadanos, aunque  a muchos les parezca una utopía.
El desarrollo social depende, sobre todo, de la calidad del trabajo humano. La calidad del trabajo es proporcional a la conquista del conocimiento por parte de los individuos. La conquista del conocimiento guarda relación directa con el desarrollo de las competencias de cada sujeto, mayormente de las competencias comunicativas.
Y nadie ha de dudar que la lectura sea la vía más idónea para el desarrollo de esta última facultad. Para iniciar a un individuo desde la niñez en esta práctica, se produce la literatura infantil. De ahí que no me parezca nada quimérico asociar  la literatura infantil con  las posibilidades de cambios de una sociedad.
El amor por los niños y el interés porque ellos lean es la fuerza que nos congrega esta tarde para ser testigos del lanzamiento de un paquete de libros para la población infantil que ha preparado Ediciones CP.  Sólo en el sello La Casa de los cuentos, que me toca presentar, se publican siete volúmenes cuyos autores son Eladio Ramos, Amy Taveras y Rafael Peralta Romero.
De Ramos son: El rey Sol, El viejo reloj Matusa y Don Reloj, mientras que  Taveras es autora de: Las locuras y corduras del campo,  La comidita compartida y La riqueza del cariño. Peralta Romero es autor de La paloma dálmata y otros cuentos infantiles.
“El rey Sol”.   Se trata de un cuento dinámico,  en el que se aprecia agilidad en la narración, buen ritmo, y cuenta una historia que puede retener al pequeño lector hasta saber qué pasó con la enfermedad del rey. Escudriña la relación del día  con  la noche  y los roles de ambos, más la actitud de los seres humanos,  frente a esta dicotomía día-noche.  En el cuento se aprecia claridad expresiva, léxico adecuado y un  juego de imaginación que  gusta al público al que está dirigido.
El viejo reloj Matusa.  Impresionante relato, crea un mundo  diferente, con argumentos capaces de ser entendidos y disfrutados por los niños. El reloj de Matusa es un gran personaje, que estoy seguro no  olvidará ningún niño lector.  Es bueno en este cuento el predominio de lo literario, escapa de la intención didáctica, que suele perseguir a la literatura infantil, y nadie dude que la didáctica es una plaga peligrosa para  las obras  literarias destinadas a los pequeños.
Don Reloj.  El personaje principal de este cuento es el reloj,  reunido con otros objetos de uso cotidiano. Se cuenta la historia de porqué Reloj tiene una pata más corta que la otra. Apreciemos este fragmento: “Nunca he estado triste   –les dijo el Reloj- gracias a esa caída he podido marcar las horas con más facilidad, para los niños que juegan y estudian; y para las mujeres y hombres que trabajan”.  (Pág. 23).
Las locuras y corduras del campo. Este cuento de Amy Taveras recrea aquellas viejas diferencias entre la vida rural y la urbana. El niño Barni pretende  exhibir  la superioridad de lo urbano sobre el campo, pero la realidad lo detiene.  La obra resulta una exaltación a la naturaleza y la agricultura en tono refrescante. Termina con pura sorpresa, un final sin final, como quien dice: este cuento se acabó.
La comidita compartida.  Es una lección para niños de vida acomodada que suelen presentar  ñoñerías para comer mientras  otros tantos niños esperan la oportunidad de hacerlo, sin que lo logren siempre. Las diferencias sociales son parte de las  experiencias  que el niño irá  conociendo en dosis oportunas.  Este cuento puede ayudar a ello.
La riqueza del cariño.  Es un buen intento de contraponer las riquezas  espirituales  a las  materiales. Es un cuento concebido para transmitir  valores positivos, como la honradez y el amor familiar, pero es más que eso,  pues tiene una estructura conforme a las leyes del cuento, que llevará al niño lector  a vivir emociones  a partir del relato   de una confusión en la que la maestra de Alexander niega haber recibido de este los veinte pesos que llevó a la escuela para merienda. Es un serio conflicto lo que pasa, hasta que una niña  declara que  la maestra le dio el dinero por error.
La paloma dálmata.  El otro libro   contiene cinco cuentos para personas de corta edad.  Pero digan ustedes si no  es un gancho poner al autor a ponderar la propia obra.  Prefiero decir que en este volumen se reúnen los siguientes títulos: La vaca que quiso viajar a la India, El pollito de granja, La paloma dálmata, El sol quiere la lluvia y Cristo ya nació.



Mi propósito, como en los otros libros publicados,  ha sido escribir estos cuentos de  la forma más natural,  con lenguaje sencillo y directo, fundamentado en el interés de que los pequeños los disfruten como un verdadero recreo.
Porque estoy convencido de que los textos para niños deben servir de diversión: leer poemas, cuentos y novelas y otros escritos literarios  debe ser para el niño un recreo, no una clase, nada aburrido y nada obligado.
Creo que con los libros que presenta hoy al público, Ediciones CP contribuye grandemente  a la promoción  del acto de leer, para niños y  jóvenes.  De la capacidad lectora depende la adquisición de los demás conocimientos, y de la educación depende  el cambio necesario en los individuos y en la sociedad.
De modo que no sé exactamente el porvenir de la literatura infantil, ni tampoco el de la enseñanza que de ella se hace en las universidades para los futuros maestros del nivel básico,  pero puedo vislumbrar el futuro de la nación, según la importancia que se dé a esta materia.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Palabras de Rafael Peralta Romero en la presentación del libro La conciencia del lenguaje, de Bruno Rosario Candelier

De izquierda a derecha: Leibi Ng, Dulce Elvira de los Santos, Rafael Peralta Romero y Farah Hallal.
Se trata de  un conjunto de  textos  expositivos,  que  corren entre el ensayo,  el discurso y la monografía. El denominador común de estos escritos  es la valoración y aprecio por la lengua española y el compromiso que frente a la misma han de asumir los hablantes cultos y los profesionales que se valen de ella como principal herramienta de trabajo.
Lo más apreciable en este volumen  es la consistente riqueza conceptual que emana de sus páginas de principio a fin.
Más de veinte trabajos, además de cartas, correos electrónicos y entrevistas y consultas  componen este volumen, cuyo autor ha dividido en cuatro partes a partir de ejes temáticos que agrupan los textos.
Los ejes temáticos son: 1- Reflexión teorética. 2-Estudios lingüísticos y  literarios. 3-Cartas y correos electrónicos. 4-Entrevistas y consultas lingüísticas.
La primera parte, la Reflexión teorética, se extiende desde la página tres hasta la 267. Es decir, estamos hablando de un curso  intenso de filosofía del lenguaje, la cual escruta la  relación de las personas con la realidad circundante y sus posibilidades de descubrir  el mundo e interpretarlo.
El lenguaje es, y tiene que ser, un asunto substancial, de primera importancia, para  el estudio de la filosofía, dado que es el vehículo esencial para la expresión del pensamiento y un ente determinante para que los seres humanos  aprehendan el mundo exterior y expresen su mundo interior.
En el ensayo “La conciencia de la palabra en la dotación del logos”, el primero que aparece en el libro, su autor  nos hace ver que ya en la Grecia antigua y culta, era reducido el sector de la población que se dedicaba a pensar. Y argumenta: “La vida moderna nos aleja bastante de esa actividad y los reclamos materiales consumen nuestro tiempo y nuestras energías”.  (pág. 17).
A menudo los creadores literarios se resienten con los académicos y les presumen  necedad en los cuidados que muestran para con nuestro idioma.
No siempre reconocen el rol de las academias de la lengua en cuanto a la preservación del perfil distintivo del castellano.
El genio del idioma se  muestra en aspectos fónicos, gráficos y  gramaticales,  y procede decir que las academias, como los académicos,  tienen  la responsabilidad de velar porque esto se cumpla. Rosario Candelier es un académico a tiempo completo, y consecuente  con este principio respecto del criterio normativo, para el uso de la lengua, señala lo siguiente:
“Darse cuenta de lo que las cosas significan, de lo que hace el pensamiento y del proceso que realiza quien  piensa y crea, es el rol de la  conciencia cuyo ejercicio conlleva el concurso de la intuición, la memoria, la imaginación, la tradición y el  lenguaje”. (pág. 118).
Bruno asocia la valoración  de la cultura nacional con la conciencia de la lengua. Y lo expresa de ese modo: “Con la valoración del terruño natal adviene la conciencia de la lengua, que el instinto idiomático aprecia al diferenciar la lengua general de la lengua local o regional”. (Pág. 214).
Para concluir, falta asegurar -y lo aseguro con pleno convencimiento-  que la lectura  de este libro tiene que conducir a quien  lo haga a acentuar su conciencia de la lengua, si ya le había germinado,  y depositar  esa inquietud en quienes  no la hayan asumido.  
Nadie que se dedique, o quiera dedicarse, al cultivo de las letras o a la enseñanza de la lengua, puede estar tranquilo ni mantenerse indiferente ante la grave situación que se observa en torno al desconocimiento de nuestra lengua por parte de estudiantes de todos los niveles e incluso por los docentes de la materia.
La  veracidad  de esta lamentable situación ha sido demostrada con estudios. Están a la vista la pobreza lexical, la torpeza ortográfica y el pobre desempeño gramatical que caracterizan  a nuestros estudiantes y profesionales.
La indiferencia del aparato oficial también es visible. ¿Quién habrá de decirles a profesores,  directores de centros de estudios, directores de distritos, supervisores y ministros que lograr la costumbre de leer entre docentes y estudiantes es un acto de primera necesidad? ¿Quién les dirá que es un asunto de ética?
Con este libro, Bruno Rosario Candelier resalta el compromiso y la responsabilidad de los escritores y los académicos  por transfundir a la población  la necesaria conciencia de la lengua. Ojalá llegue también a las autoridades educativas.


Rafael Peralta Romero
19 de mayo 2015
Academia Dominicana de la Lengua.

martes, 19 de agosto de 2014

El humor de Rafael Peralta Romero en “Los tres entierros de Dino Bidal” Por Rafael Darío Duran

Regularmente cuando se lee un texto precedido de la justificada expectativa que generó en el 2000 la primera edición de “Los tres entierros de Dino Bidal”, hay detalles que uno no toma en cuenta por la premura de sumergirse en la degustación de la lectura.

Fue mi caso. No noté lo acertada de la portada (que en la cuarta edición el autor ha preferido cambiar), que consiste en la figura de un perro patas arriba, que proyecta una sombra difusa sobre la arena de la playa de Guaco, comunidad donde ocurre el asesinato y los tres entierros de Dino Bidal.

El can es la clave de toda esta trama que pone también patas arriba los cimientos de la Justicia, en una época matizada por la más férrea dictadura.

Rafael Peralta Romero, con su maestría de narrador  y su experiencia de periodista, nos cuenta una historia descarnada, en la que hace gala de su habilidad de cronista.

“Los tres entierros de Dino Bidal” es una crónica sobre un horrendo y cobarde crimen, un ejemplo del poder que tenía un guardia durante la tiranía de Rafael Leonida Trujillo Molina y de que, a pesar de la ignominia y la represión, había hombres capaces de poner en riesgo sus vidas en ara del ideario de la Justicia.

Desde el principio el lector sabe que los guardias de puesto en Guaco tienen algo que ver con la desaparición de Dino Bidal y el narrador nos da elementos suficientes para confirmar la sospecha de Leticia Bidal de que a su padre algo le pasó. Y la clave principal es Dandy, el perro que Leticia le regaló a su padre, que mientras ella denunciaba junto a sus hermanas la desaparición de su progenitor, escarbaba en la arena en busca de su amo, que ese momento era cadáver.

Aún así el lector no se resistirá a continuar la lectura del texto, primero por el manejo diestro del suspenso que adornan a Peralta Romero, y luego por descubrir porqué a Dino Bidal lo enterraron tres veces.

Cada entierro es un cóctel de situaciones inusuales, de complicidades criminales y de grandes retos para los administradores de la Justicia.

El crimen y el primer entierro involucra a los guardias de puesto en el cuartel, que el escritor identifica como El Guardia Chiquito, a El Guardia Grande, El Guardia Oscuro, y el Guardia Blanco, quizás por el instinto de sobrevivencia latente en todo ser humano, máxima si le tocó vivir en era de sombra y silencio impuesto, y Rafael Peralta no puede ser la excepción.

Además, claro, del culpable material del crimen, el cabo Martínez y los autores intelectuales, Aníbal Amparo y Antonio Sosa, estos últimos motivados por la envidia y la avaricia por la tierra ajena.

En el segundo entierro surgen nuevos personajes, víctimas del abuso de poder, arrastrados por el afán de los victimarios de cubrir con un manto de impunidad el crimen de Dino Bidal.

Y en el tercer entierro hace su entrada la Justicia, encarnada en el Magistrado Lavandier y en un asustadizo Juez de Paz, cuál Quijote luchando contra molinos de viento. Hay un momento en que la razón parece triunfar contra la fuerza cuando los culpables son condenados, pero esto no se trata de un cuento de hadas con un final feliz, sino de un crimen cometido por miembros de la Guardia de Trujillo.

Nueva vez la mano oscura del teniente general Gran Maño cambia el cause de la ingenua Justicia, que se ve obliga a adoptar una decisión salomónica: condenar al cabo Martínez y absorber de culpa a los demás militares y a los autores intelectuales del hecho.

Es tan intenso el relato y mortificantes las curiosidades que lo envuelven que no hay tiempo para las menudencias, para detenerse en romanticismo ni otras pendejadas. Sólo al final del primer juicio, los protagonistas pueden estirar las piernas y el Magistrado Lavandier disfrutar del escultural cuerpo de Leticia Bidal.

Aunque es justo aclara que además de los refranes  propios de una aldea de pescadores y agricultores de la Era del Jefe, el autor no mantiene informado de todo cuanto acontece en el mundo a través de los comentarios de Juanito, secretario del Magistrado Lavandier.

Finalmente, quiero decir que Rafael Peralta Romero maneja como nadie el humor y que esta novela está repleta de situaciones jocosas, pese al clima de muerte y angustia que impera a lo largo de toda la trama.


(Comentario del autor en torno a la novela “Los Tres Entierros de Dino Bidal”, en el coloquio celebrado en La Academia de la Lengua)

http://narrativadiaadia.wordpress.com/2010/01/18/el-humor-de-rafael-peralta-romero-en-los-tres-entierros-de-dino-bidal/

lunes, 16 de diciembre de 2013

PEDRO EL CRUEL: Innovación sin estruendo según Sélvido Candelaria




SANTO DOMINGO.-La novela "Pedro el Cruel", de Rafael Peralta Romero, fue considerada como una "innovación sin estruendo y la renovación apacible de la narración insular", durante un coloquio efectuado el pasado viernes en la sede de la Academia Dominicana de la Lengua, donde fue formalmente presentada la obra.

La afirmación corresponde al escritor Sélvido Candelaria, novelista y ensayista, cuando habló junto a Alejandro Merino, quien comentó que el nuevo libro de Peralta Romero se puede leer "de atrás para adelante como de adelante hacia atrás".

Una comunicación de prensa dice que el texto fue publicado por el Ministerio de Cultura en la colección Rumbo Este y fue escogido entre los autores de la provincia El Seibo para editarse a propósito de la Feria Regional del Este, celebrada en octubre pasado en San Pedro de Macorís.

Sélvido Candelaria: Escritor (Novela, Ensayo...) y gestor cultural.


"Pedro el Cruel" es una novela mitológica en la que se cuenta la historia de un personaje del mismo nombre, que por disposición de un tribunal divino anda errante por el mundo arrastrando una cadena hasta que las mujeres dejen de parir, expone la nota de prensa.

El sujeto -de acuerdo a un mito popular- habría matado a su esposa mientras ésta se encontraba en estado de preñez y debido a la condena que sobre él pesa, pregunta frecuentemente si todavía las mujeres paren.

Candelaria destacó la calidad narrativa de la novela, de cuyo autor dijo que "se manifiesta limpiamente en esta fresca forma de contar una historia. La novela de las versiones, debería ser llamada".

El escritor señaló que si bien Peralta Romero no ha inventado una nueva forma de narrar, "se percibe la fuerza de un ingenio capaz de otorgarle nuevos bríos expresivos al oficio de escritor en el área caribeña con lo que cumple una de las funciones primordiales de todo artista".

En el desarrollo de la presentación, Peralta leyó algunos trozos de la novela e intervinieron también el actor Teófilo Terrero y la joven escritora Lauristely Peña Solano.


martes, 16 de abril de 2013

Rafael Peralta Romero: “La didáctica es la peor enemiga de la literatura infantil”



 Periodista y escritor, ganador de El Barco de Vapor por su novela De cómo Uto Pía encontró a Tarzán, autor de varios libros de literatura infantil, entre ellos, A la orilla de la mar

Por Luis Martin Gómez

Como de niños vivimos en el mismo barrio, Rafael Peralta Romero y yo tenemos el recuerdo común del ciudadano español que afilaba cuchillos y navajas en su amolador automático, una piedra circular corrugada adherida a una polea que era accionada por una correa conectada al abanico del radiador de un Austin color rojo. Por eso, cada vez que nos vemos, antes de intercambiar los saludos protocolares, echamos un duelo para ver cuál de los dos dice primero la frase “traiga su cuchillo, traiga su tijera, traiga su navaja, y traiga todo lo que sea de amolar...”, que era parte de la promesa publicitaria del moderno amolador, reproducida como un mantra por un megáfono colocado en el techo del auto picado por las chispas.

Pero Rafael y yo tenemos otra cosa en común: cultivamos la literatura infantil, él más que yo y con mejores resultados, pues ha escrito siete libros para niños y jóvenes, por uno de los cuales obtuvo el prestigioso premio El Barco de Vapor, de Ediciones SM. Ahora suma un nuevo título a esta literatura tan especializada con A la orilla de la mar, conjunto de historias que ocurren en Los uveros, ciudad literaria inventada por Rafael y que estaría localizada cerca de Miches, donde nació el autor.
 
LMG Nada, Rafael, ya se ha dicho otras veces, que no porque un libro esté escrito con lenguaje sencillo, tenga algunos dibujos y diga en la portada “Literatura infantil”, sea eso; tú que la escribes y estudias, ¿cuáles son las claves de este tipo de obra?

RPR Pues esos mismos detalles lo son, el libro para niños deberá tener un nivel de lenguaje simple, alguna delicadeza en su contenido  (qué va a inculcar, qué va a dejar en el niño), y hará uso de las repeticiones, para fijar algunos contenidos.

Peralta Romero no está ajeno a ese debate que se activa con cada obra de literatura infantil, y que de tanto abordarse se ha ido convirtiendo en un lugar común, el que cuestiona si las obras para niños deben necesariamente enseñar algo. El no considera apropiado que en un cuento infantil se premie al malvado pero tiene sus reservas sobre la forma en que se relacionan literatura y educación.

RPR Se ha dicho que la peor enemiga de la literatura infantil es la didáctica. Alguien ha usado el término “sirvienta” para indicar el nivel de dependencia de una respecto a la otra. Pienso que la literatura infantil, de por sí, es educativa. El hecho de que el niño lea, que se divierta leyendo, ya es un aprendizaje. Pero no procede el cuento o la poesía que busca que el niño se lave las manos, que respete a padre y madre, que crea en Dios. Yo digo que la literatura debe servir a la educación haciendo que el niño primordialmente mejore su capacidad comunicativa.

Con esto en claro y usando deliberadamente una forma de narrar que recrea la oralidad, Rafael Peralta Romero consigue en A la orilla de la mar un puñado de relatos que reivindican la figura del abuelo como contador de cuentos, como el chamán socialmente aceptado que tiende un puente entre memoria y deseo, entre mito e imaginación. En esta nueva obra podremos leer, por ejemplo, sobre “Mediopeje”,  un pez que es eso, medio pez, con un ojo, una aleta, pero con un corazón entero, incapaz de envidiar a esos otros peces “que andan llevándose el mar por delante”. O las peripecias de “Boquita, el maquey” para solucionar su problema inmobiliario, pues el caracol que habitaba le ha quedado chico y necesita urgentemente mudarse a otro, lo cual consigue con ayuda de un niño y su padre pescador. O las aventuras del intrépido Pez Caribe, quien decide probar suerte en el Támesis y luego, ignorado por los ingleses y afectado por el frío, decide regresar al mar cálido de su isla caribeña.

Contrario a la riqueza del texto y la creatividad de sus historias, A la orilla de la mar cojea en la parte gráfica. Los dibujos son francamente malos y demeritan el esfuerzo del autor. Tal vez una editorial exigente lo hubiera ayudado en este sentido. Por cierto, ¿confías en las editoriales o consideras que el marketing promocional aplicado a la literatura infantil condiciona al autor con temas y formatos que quizás no sean los que necesitan los pequeños lectores?

RPR No es malo. En otros países, Argentina, México, España o Cuba, la literatura infantil es una verdadera industria. Aquí, en cambio, ni es rentable para el autor, ni es negocio para las librerías, ni es preocupación del Estado, ni interesa a padres y maestros.

LMG Me gustó de tu libro que cuentas las historias como si lo hicieras verbalmente a un grupo de exploradores reunidos alrededor de una fogata, ¿has comprobado que esa técnica resulte más efectiva para despertar el interés en el cuento y aumentar su nivel de compresión?

RPR Me parece que sí, lo he probado y lo he vivido. Yo vengo de una generación de niños que contaba cuentos. Recuerdo que comenzábamos con la frase “si del cielo cae una canasta de huevos, cuantos tú cogerías…”, y el que decía mayor cantidad de huevos tenía que contar más cuentos. Utilizábamos la palabra oye: “oye lo que me pasó, oye lo que me contaron”.  Esto yo me lo propongo en mis trabajos,  que sea un niño el que cuente historias a otros.

Rafael y yo nos encontraremos otra vez y echaremos nuevamente el duelo sobre la frase del amolador automático. Mientras tanto, nos despedimos con otra frase común a nuestra infancia y que usábamos para indicar que la reunión se había terminado, esa que dice “se rompió la taza, cada quien para su casa”.


El autor es periodista y escritor

Mester de Narradores

Integrantes del grupo Mester de Narradores: Rafael Peralta Romero, Ofelia Berrido, Ángela Hernández,
Manuel Salvador Gautier y Emilia Pereyra.
Fotografía de Parmelia Matos de Calventi



Rafael Peralta Romero: Premio Nacional de Literatura Infantil Aurora Tavárez Belliard 2012 con la obra "A la orilla de la mar"


Poeta, narrador, periodista y docente universitario. Nació en Miches, el 3 de diciembre de 1948. Estudió Comunicación Social y una especialidad en Lengua Española y Literatura en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. En su extensa carrera periodística ha ocupado las posiciones de Director y otros cargos ejecutivos en importantes medios de comunicación dominicanos. Así como también la de Subdirector de y Prensa de la Presidencia de la República. Su obra literaria ha sido valorada por reconocidas figuras de las letras y la crítica. Ha obtenido importantes galardones en el área de la literatura infantil.
Obras publicadas: Niño y poesía (1977), Punto por punto (1983, 1998), Las piedras sobre las flores (1985), Romance del ciclo diario (1989), Un chin de caramelo (1992), Diablo azul (1992), Residuos de sombra (1997, 200), Los tres entierros de Lino Bidal (2000), Cuentos de visiones y delirios (2001, 2003), Memorias de Enárboles Cuentes (2004, 2006), El conejo en el espejo y otros cuentos para niños (2006).


miércoles, 1 de febrero de 2012

A la orilla de la mar




Preciso, sagaz, Rafael Peralta Romero ama el reto.  Hace suyo el espacio en blanco y lo construye.  En ese oficio ignora confines.  Cuenta, pauta y deslumbra.  Suelta las amarras.  Arma el escenario.  Espabila la inventiva,  templa sus palabras preferidas.  Y la historia real y genuina se hace para siempre posible.  Cuenta para los niños, para los jóvenes, para los mayores.  Cuenta corto, cuenta largo, con manifiesta intención de convocar.  Si ha de asustar, asusta.  Si cabe la provocación, provoca. Hace reír cuando toca reír.  Afinca y avanza.  Sin noñerias, sin repugnancias, sin pesimismo, se alza chispeante su prosa.  Ajena a cabos sueltos, se enseñorea en el salobre territorio de los recuerdos y la fantasía, como en el caso de esta fecha especial, a los pies mismos del mar.
De agua clara, de arena tibia, de magia y espuma, la narrativa de Rafael Peralta Romero transforma lo cotidiano.  Torna lo sencillo en una experiencia para compartir, en una ocasión irrepetible por la ruta del destino memorable.  Su palabra certera dispara su desbordante gozo de contar, para espigar su propia esencia y conectar con la vida de manera muy singular.   
Un ejercicio muy lúcido, muy puntual, en horario de luna y sol, le sirve de tinglado a su arte de escribir. Su factura limpia, irrenunciablemente pulida, airosa, tiene arquitectura de estilo, con curiosidad de mañana que asoma en la cama del mar amigo.  Rafael Peralta Romero construye, deconstruye y reconstruye, cara a cara a la imaginación y la realidad, al mito y la verdad para endosar el mundo presente, el que fue y el que vendrá, el que nos reúne y une.  Proclama la suya de literatura dominicana y universal, de hoy y después.
Agradezco emocionada esta tarde de invierno sub-tropical que nos ha traído a la vetusta casa de la Academia Dominicana de la Lengua por convocatoria de A la orilla de la mar, que ha sabido valerse de su titulo sugerente y hermoso.  ¿A la orilla de la mar?  ¿De qué mar?  El de Miches, sede de la nostalgia del amigo Rafael y puerta atlántica a la esperanza azul de muchos dominicanos. 
Deliciosa marina travesía esta, cobijada en la amistad con la naturaleza amable y el viento bueno en la playa del recuerdo, que al atardecer se pinta de fulgurante costa del imaginario.  Esta última obra de Rafael Peralta Romero, que agrupa diez textos fascinantes, tiene además el apoyo precioso de Ana Maria Cöen, una celebrante de todos los tonos de la acuarela, quien aparentemente también ha descubierto los secretos del mar con el mismo fervor que el de las cayenas y palmeras, aves y nubes del cielo. 
Qué magnifico inicio es Boquita para invitar a descubrir los encantos de A la orilla de la mar.  Hasta me enseñó –confieso que lo desconocía- el grave asunto de la paternidad irresponsable de los maqueyes, dolorosa realidad que se suma a la vida de transeúnte, de nómada histórico del maquey.  Boquita, desconchado, transita por los peligros de la vida, hasta que finalmente pudo escapar de la tristeza, gracias a un niño de mar.
En el pueblo de Los Uveros no quedó duda de que el mal puede ser derrotado.  Tenía que ser así en los dominios del abuelo, donde reina su ejemplo, su cariño, su palabra, como voz clara de la autenticidad de la nación dominicana.  Esa complicidad con el abuelo es de hierro, vale decir, imbatible, aunque su textura sea la ternura.
Mediopeje es propiamente un monologo, tremendamente actual, donde triunfa, porque tiene que triunfar, el ser sobre el tener.   Cuenta de una realidad inevitable, en un inventario de dones y certezas donde se sobrepone la fuerza del pensamiento agudo, salpicado de sutil humor. 
Día de San Juan, es retrato del amor al terruño, a los antecesores, privilegiada geografía de preguntas y respuestas, a la vera de la tradición que se pierde empalidecida.  
La espuma del centollo, Un loco en Cocoloco, El singular viaje del intrépido Caribe, alucinante trayecto encima de una ballena del pez que al final prefirió regresar a las aguas tibias del sol, de los afectos y del español, son otras más de las historias de Rafael.  Se suman El día que la mar se echó para atrás, como un gato cuando encrespa el lomo, La cangreja triste, crustácea contadora de visiones y relatos, salvada por tinos del destino y El carro submarino, donde nueva vez la figura del abuelo se eleva en protagónica camaradería.
Asertivo, con gracia omnipresente de diáfano humor, Rafael Peralta Romero en cada una de estas historias engancha directo con el lector, desde el más joven al de largos años. Le invita cálidamente, con el anzuelo de sus preguntas y exclamaciones, a sumar su propio parecer, a ser proactivo, de la mano con el autor.  Mientras, su innegable oficio de narrador exhibe un equipaje de norte irrehuible, siempre desprovisto de remiendos, enemigo de titubeos, dueño victorioso del ritmo narrativo que nunca pierde ni se arremolina.  La literatura para niños y jóvenes de Rafael Peralta Romero es reivindicativa.  Nos da raíces, nos levanta en alas.  País el suyo de cimbreantes cocoteros, del abuelo y luz rutilante, de tradiciones y amistad, de peces y cangrejos y, más aún, de futuro que, como el mar, desde el horizonte, puede deslizarse hasta llegar a nuestros pies.
La palabra escribe la historia.  Escrita está a la orilla de la mar.  En expresión de Liliana Bodoc, autora argentina, “la palabra es fundamento de la condición humana.  Hay que volver a apasionarse con las palabras: las palabras pronunciadas, las palabras escritas, el origen de las palabras, el cambio de las palabras, la mentira de las palabras. En realidad estamos hechos de eso, en gran medida.”  No puede existir la vida, digo yo…“la buena literatura”, dice ella, “sin lo indispensable, volver a enamorarnos de nuestra lengua y de nuestras palabras.” Rafael Peralta Romero lo sabe, lo trabaja y lo pregona.

©Lucía Amelia Cabral

 Con ocasión de la puesta en circulación de
“A la orilla de la mar” el  17 de enero de 2012

miércoles, 4 de enero de 2012

A la orilla de la mar, nueva obra de Rafael Peralta Romero


No dejen de asistir el martes 17 de enero a las 7 de la noche a
la Academia Dominicana de la Lengua donde será presentado el
nuevo libro de Rafael Peralta Romero A LA ORILLA DE LA MAR.
Lucía Amelia Cabral será la presentadora. El libro es editado por
Editorial SANTUARIO.
Allá nos vemos.

lunes, 5 de diciembre de 2011

¿Para qué usar palabras demás?

RAFAEL PERALTA ROMERO
                     

Pausamos brevemente con la divulgación de reglas ortográficas, fin primordial de esta columna, y comentamos un asunto que si bien no es de “orto-escritura”, implica hacer buen o mal  uso del idioma. Se trata de expresiones  que por repetidas no escapan de considerarse viciosas. Tampoco dejan de serlo por el nivel social y cultural del hablante que las emplea. Veamos algunos ejemplos.

a) De forma y manera. Forma y manera son palabras afines, no es necesario, por tanto, usarlas juntas. Algunas personas al hablar en público suelen emplear tal expresión a modo de conclusión: “De forma y manera que en lo adelante hagamos las cosas de este modo”. Basta con decir: De forma…
b) Nada más y nada menos. No siempre que se usa esta expresión se justifican  los adverbios.  Quien quiera destacar la presencia de alguien en un lugar o una actividad, está bien  que lo anuncie con un “Nada menos que…”. Ahora, si usted quiere ser preciso en cuanto a la valoración de un sujeto, emplee el “Nada más…”
c) Vuelvo y lo repito. Es expresión muy empleada en la enseñanza. Pero  profesores y profesoras, y quienes los imiten en eso,  deberán recordar que con decir “Repito…” ha dicho “lo hago de nuevo”.
d) Resulta y viene a ser. Es frase cómoda  para enlazar elementos en el discurso narrativo, pero  ¿para qué usar “viene a ser” si ya empleamos “resulta…”? Ahorre palabras.
e) Mas sin embargo. Muchos creen que la conjunción adversativa “mas” (sin tilde) no puede valerse por sí misma y la recuestan de otra conjunción, “sin embargo”, pero cada una puede andar sola. Lo mismo que si fuera “pero…”  que tampoco requiere de “sin embargo” para expresar “adversidad”.
f) Yo tengo un amigo mío. ¿Lo ha oído?  Hay a quien no le basta con decir “Yo tengo un amigo que es…” o “Un amigo mío es… ”.  
g) Hace diez años atrás. La usan hasta escritores. Pero ¿para qué ese “atrás”? Si la forma  verbal “hace”,  en pasado, indica que ya pasó.
h) Vuelve y comienza. Para  nada es necesario el “vuelve”  si como quiera se tomará   el comienzo de la  actividad  que se había intentado, como por ejemplo, cuando un estudiante lee algo en clase, lo hace mal  y el profesor le pide  que lo haga de nuevo con el “vuelve y comienza”. Bastará con “comienza…”. Seguiremos.

domingo, 7 de agosto de 2011

El humor de Rafael Peralta Romero en “Los tres entierros de Dino Bidal"


http://narrativadiaadia.wordpress.com/2010/01/18/el-humor-de-rafael-peralta-romero-en-%E2%80%9Clos-tres-entierros-de-dino-bidal%E2%80%9D/

Por narrativadiaadia
Por Rafael Darío Duran
   
Regularmente cuando se lee un texto precedido de la justificada expectativa que generó en el 2000 la primera edición de “Los tres entierros de Dino Bidal”, hay detalles que uno no toma en cuenta por la premura de sumergirse en la degustación de la lectura.

Fue mi caso. No noté lo acertada de la portada (que en la cuarta edición el autor ha preferido cambiar), que consiste en la figura de un perro patas arriba, que proyecta una sombra difusa sobre la arena de la playa de Guaco, comunidad donde ocurre el asesinato y los tres entierros de Dino Bidal.

El can es la clave de toda esta trama que pone también patas arriba los cimientos de la Justicia, en una época matizada por la más férrea dictadura.

Rafael Peralta Romero, con su maestría de narrador  y su experiencia de periodista, nos cuenta una historia descarnada, en la que hace gala de su habilidad de cronista.

“Los tres entierros de Dino Bidal” es una crónica sobre un horrendo y cobarde crimen, un ejemplo del poder que tenía un guardia durante la tiranía de Rafael Leonida Trujillo Molina y de que, a pesar de la ignominia y la represión, había hombres capaces de poner en riesgo sus vidas en ara del ideario de la Justicia.

Desde el principio el lector sabe que los guardias de puesto en Guaco tienen algo que ver con la desaparición de Dino Bidal y el narrador nos da elementos suficientes para confirmar la sospecha de Leticia Bidal de que a su padre algo le pasó. Y la clave principal es Dandy, el perro que Leticia le regaló a su padre, que mientras ella denunciaba junto a sus hermanas la desaparición de su progenitor, escarbaba en la arena en busca de su amo, que ese momento era cadáver.
Aún así el lector no se resistirá a continuar la lectura del texto, primero por el manejo diestro del suspenso que adornan a Peralta Romero, y luego por descubrir porqué a Dino Bidal lo enterraron tres veces.

Cada entierro es un cóctel de situaciones inusuales, de complicidades criminales y de grandes retos para los administradores de la Justicia.

El crimen y el primer entierro involucra a los guardias de puesto en el cuartel, que el escritor identifica como El Guardia Chiquito, a El Guardia Grande, El Guardia Oscuro, y el Guardia Blanco, quizás por el instinto de sobrevivencia latente en todo ser humano, máxima si le tocó vivir en era de sombra y silencio impuesto, y Rafael Peralta no puede ser la excepción.
Además, claro, del culpable material del crimen, el cabo Martínez y los autores intelectuales, Aníbal Amparo y Antonio Sosa, estos últimos motivados por la envidia y la avaricia por la tierra ajena.
En el segundo entierro surgen nuevos personajes, víctimas del abuso de poder, arrastrados por el afán de los victimarios de cubrir con un manto de impunidad el crimen de Dino Bidal.
Y en el tercer entierro hace su entrada la Justicia, encarnada en el Magistrado Lavandier y en un asustadizo Juez de Paz, cuál Quijote luchando contra molinos de viento. Hay un momento en que la razón parece triunfar contra la fuerza cuando los culpables son condenados, pero esto no se trata de un cuento de hadas con un final feliz, sino de un crimen cometido por miembros de la Guardia de Trujillo.

Nueva vez la mano oscura del teniente general Gran Maño cambia el cause de la ingenua Justicia, que se ve obliga a adoptar una decisión salomónica: condenar al cabo Martínez y absorber de culpa a los demás militares y a los autores intelectuales del hecho.

Es tan intenso el relato y mortificantes las curiosidades que lo envuelven que no hay tiempo para las menudencias, para detenerse en romanticismo ni otras pendejadas. Sólo al final del primer juicio, los protagonistas pueden estirar las piernas y el Magistrado Lavandier disfrutar del escultural cuerpo de Leticia Bidal.

Aunque es justo aclara que además de los refranes  propios de una aldea de pescadores y agricultores de la Era del Jefe, el autor no mantiene informado de todo cuanto acontece en el mundo a través de los comentarios de Juanito, secretario del Magistrado Lavandier.

Finalmente, quiero decir que Rafael Peralta Romero maneja como nadie el humor y que esta novela está repleta de situaciones jocosas, pese al clima de muerte y angustia que impera a lo largo de toda la trama.

 

(Comentario del autor en torno a la novela “Los Tres Entierros de Dino Bidal”, en el coloquio celebrado en La Academia de la Lengua)

miércoles, 18 de mayo de 2011

DE CÓMO LA UTOPÍA ENCUENTRA SU REALIDAD

Análisis de la novela De cómo Uto Pía encontró a Tarzán de Rafael Peralta Romero
Panel “Un Tarzán sin monos” del Grupo Mester de Narradores de la Academia con
Emilia Pereyra, Miguel Solano y Manuel Salvador Gautier
Dominicana de la Lengua, 8 de septiembre de 2010


Por Manuel Salvador Gautier


El último Tarzán se llama Jake Sully, y es un parapléjico que aparece en la película Avatar (2009), en un mundo extraterrestre, de ciencia ficción, el planeta Pandora, poblado por lo aborígenes Na'vi, donde el Imperio Terrícola, avanzadísimo en ciencia y técnica, desea explotar unas minas de un mineral muy valioso. Los terrícolas envían a investigar las posibilidades de la explotación de dichas minas al “avatar” de Jake, o sea, un humanoide con las características étnicas de los Na'vi, creado artificialmente en el laboratorio de la nave terrícola, que siente y actúa bajo los mandatos telepáticos de Jake. El resto, ya lo sabemos. Jake, el hombre blanco, bueno y justiciero, se identificará con los nativos Na'vi abusados, liderará las defensas contra los agresores imperialistas, es decir, el hombre blanco, malo y expoliador, hasta lograr que estos desistan de destruir el planeta Pandora para explotar su riqueza. Es otra historia de Tarzán. La única diferencia aquí, y es notoria, porque indica un cambio en la ideología original sustentada por el creador de Tarzán, es que Jake se identifica de tal manera con los Na'vi, que decide eliminarse él como humano y mantenerse vivo como su “avatar”. Jake muere como ser humano y se convierte en un Na'vi auténtico, el que dirigirá a los demás. Esta actitud implica un reconocimiento del Imperio de que los demás países tienen iguales derechos a explotar sus riquezas para ellos mismos, y es un criterio que no se había visto antes en propuestas norteamericanas: se trata de un pensamiento liberal que aún no se perfila como el dominante en el manejo de las relaciones entre los seres humanos actuales, quizás porque mantiene que sólo la civilización occidental (el hombre blanco) es la que puede sustentar al mundo con su ciencia y tecnología, su creatividad y fuerza, y hay chinos, hindúes y mahometanos fundamentalistas que no piensan igual (más del 50% de la población mundial). 


 Fue en 1912 que el escritor norteamericano Edgar Rice Burroughs (1875-1950) inició su serie de más de veinte novelas sobre Tarzán de los Monos. Muchas de éstas fueron llevadas tanto al cine, como a lo que en mi niñez (década de 1930) llamábamos “muñequitos” y hoy se les dice “comics”; y son estos “comics” los que llegan a un lugar apartado llamado Los Uberos y que el protagonista Uto Pía lee, admira, colecciona y transforma en su propio proyecto de vida, en la novela de Rafael Peralta Romero De cómo Uto Pía encontró a Tarzán.

Ahora bien, ¿cuál es la ideología original de esta serie de novelas y comics de Tarzán?
En un artículo que publicó Pedro Conde Sturla en agosto del 2009 (1), informa que: En los años sesenta y setenta del pasado siglo se puso muy de moda el análisis de los comics o historietas como producciones de ideología, de la cual somos consumidores inocentes y pacíficos.

Conde Sturla entonces nos habla del libro Teoría y práctica de la ideología, del venezolano Ludovico Silva, el primer latinoamericano en escribir sobre la ideología de los comics en 1971. En este libro, Silva manifiesta que, en el subdesarrollo latinoamericano, si exceptuamos comics como “Mafalda” del argentino Quino y “Los supermachos” del mexicano Rius, todo el inmenso resto de los comics de que disfruta el lector no es otra cosa que un sutil modo de gravitación ideológica de los Estados Unidos sobre nuestros países.

Silva mantiene que hay ideología en la presentación diaria del modo norteamericano de vida como el mejor; hay ideología en la difusión del racismo, en la presentación constante del negro y el amarillo como seres malignos e inferiores, representantes de las fuerzas del mal; hay ideología en la difusión del sentimiento colonialista y neocolonialista que hace de Tarzán y El fantasma los grandes dioses del subdesarrollo.

En el artículo, Conde Sturla analiza que Tarzán pertenece a una segunda categoría de “héroes”: la de los personajes rodeados de leyenda, de orígenes misteriosos… dedicados a la aventura y dispuestos siempre a salvaguardar la justicia.

Según Conde Sturla, durante el período en que floreció el mito de Tarzán, entre 1914, inicio de la Primera Guerra Mundial, y 1929, inicio de la depresión económica mundial, tiene lugar una gigantesca expansión de los Estados Unidos, la consolidación de los monopolios internacionales y el asentamiento de un vasto imperio dotado de “contactos” en casi todas partes del mundo, especialmente en las regiones atrasadas, repletas de materias primas y carentes de industrias. Tarzán, como El Fantasma, es uno de esos contactos que actúan en el Tercer Mundo… que, con sus historias, han acostumbrado a varias generaciones de niños (y los niños son los principales receptores de ideologías) a que los diversos problemas existentes en “el corazón de África” (y Latinoamérica, diría yo) no pueden solucionarse sino mediante la intervención de un gigantesco blanco todopoderoso…

Conde Sturla concluye que el Tarzán del comics tiene un fin sutil: acondicionar las mentes de los niños -y de los grandes- para aceptar ese orden de cosas en el que son los grandes representantes del gran imperio económico-militar los únicos verdaderamente capaces de solucionar los problemas de los pueblos atrasados, en los que nunca se encuentra especímenes humanos tan dotados como Tarzán o El Fantasma.
Ello, porque los pueblos atrasados son más indigentes, menos laboriosos, son congénitamente perezosos, son “tropicales”, etc., lo cual requiere inevitablemente la intervención de un hombre del Norte que se ocupe de sus intereses y los maneje, que explote sus riquezas y las distribuya a su manera... Sólo que los nativos ya se han dado cuenta de lo que todo esto significa, por lo cuál es muy posible que en los años venideros podamos entretenernos con unas historietas muy distintas, proporcionadas, como siempre, por la Historia.

Estamos, pues, ante una situación denunciada en la que los dominicanos, a través de los Comics, y, especialmente de Tarzán y El Fantasma, han sido condicionados ideológicamente a buscar al gran hombre blanco del Norte para que le resuelva sus problemas.

Si estudiamos con cuidado nuestra historia, nos damos cuenta que esto fue quizás verdad durante el siglo XIX con nuestros presidentes autoritarios, Pedro Santana y Buenaventura Báez, dispuestos a entregar la nacionalidad, uno a España y el otro a Estados Unidos; pero es incierto en el siglo XX.

En 1916, el momento en que el imperio norteamericano invade militarmente nuestro país por primera vez en el siglo XX, no son los dominicanos que buscan la intervención norteamericana sino los norteamericanos, por su cuenta, que deciden invadir el país, a pesar de que había un grupo de hombres dirigidos por el prócer Francisco Henríquez y Carvajal, a la sazón Presidente de la República, que estaba dispuesto a echar el pleito por lograr el desarrollo del país por su cuenta. No había necesidad de un Tarzán. Lo que había era la necesidad de que los norteamericanos confiaran en las posibilidades de los nativos de llevar el proyecto de República hacia adelante, pero no siguiendo las pautas imperialistas que le trazaban sus invasores, sino las pautas desarrollistas orientadas por las creencias positivistas de los nativos.

Lo mismo podemos decir que ocurrió en 1965, cuando se da el contra golpe de Estado a los golpistas que tumbaron a Juan Bosch en 1963. Los invasores norteamericanos simplemente decidieron imponer sus criterios de cómo gobernar el país e ignoraron olímpicamente la lucha democrática por reponer la constitucionalidad, dirigida por los coroneles Rafael Fernández Domínguez y Francisco Alberto Caamaño. Para ellos, Bosch, de nuevo en el poder, no les garantizaba que obtendrían del país lo que ellos querían. En Juan Bosch, como en Francisco Henríquez y Carvajal, había también una voluntad desarrollista de formar un país con sus propios recursos.

¿Qué ligazón encontramos en la novela de Peralta Romero con todos estos planteamientos ideológicos?

Mucha. La novela juega constantemente con estas sutilezas ideológicas.

Vamos a presentar las más notorias



1. LA ESTRUCTURA DE LA NOVELA

En la década de 1990, Christopher Vogler, un guionista de Hollywood, escribió un libro titulado: El viaje del escritor: Estructura mítica para escritores, en el que proponía la manera en que debía tratarse lo que él llamó EL VIAJE DEL HÉROE, o sea, el manejo de las aventuras de un héroe, en su caso, para hacer guiones de películas como Tarzán, El Fantasma, El Hombre Araña, Star Wars y demás; en el caso nuestro, para hacer novelas. Rafael Peralta Romero, a sabiendas o no, aplica en su novela De cómo Uto Pía encontró a Tarzán casi todos los requerimientos que propone Vogler para lograr la caracterización del héroe, y hace de Uto Pía, su personaje principal, un héroe de la misma categoría de Tarzán y El Fantasma.

Voy a demostrarlo. En Vogler hay cuatro períodos por los que debe pasar el héroe en su odisea: el Prólogo, la Separación, la Iniciación y el Retorno.

El Prólogo está dividido, a su vez, en tres partes: El mundo ordinario/El llamado a la aventura/El rechazo del llamado.

En su Prólogo, Peralta Romero presenta el mundo ordinario en el que se desenvuelve Uto, un caserío playero de pescadores en algún sitio alejado de la metrópolis, y explica el llamado a la aventura que éste recibe a través de la lectura de Comics de Tarzán. Uto decide que quiere ser un héroe justiciero como Tarzán. La hazaña del héroe será localizar a Tarzán para pedirle su cuchillo, el talismán que hará de Uto otro Tarzán. Uto se prepara para realizar la hazaña, haciendo ejercicios para tener un cuerpo atlético y guindando de los árboles por una soga como, él supone, hace Tarzán en la selva. Aparece el rechazo a la llamada con las correcciones de la madre, que lo obliga a estudiar, en vez de prepararse a la aventura.

La segunda parte del periplo, la Separación está, a su vez, dividida en tres partes:

El encuentro con el mentor/La travesía del primer umbral/Pruebas, aliados y enemigos. En la Separación de Peralta Romero, Uto encuentra su mentor en una forma sobrenatural: un cuervo albino que habla y que le indica el camino a seguir. Uto decide lanzarse a la aventura y se va, camino adelante, cortando por los montes, para asegurarse de rodearse de condiciones similares a las de Tarzán en la selva; es la travesía del primer umbral. Mientras tanto, tiene su primera prueba y su primer amigo: se encuentra con un viejo y un perro llamado Tarzán, que lo confunde. Sin embargo, el viejo lo acoge en su bohío, le da posada y comida, y lo despacha para que vuelva a su casa, lo cual Uto no hace.

Podría continuar dando detalles de cómo Peralta Romero sigue a pies juntillas los requerimientos de Vogler en la tercera parte, la Iniciación, y en la cuarta parte, el Retorno. Lo cierto es que la novela está estructurada como el periplo de un héroe, y este héroe es el imitador de Tarzán, y, por lo tanto, la novela es pasible de cumplir con los planteamientos ideológicos que señala Conde Sturla, o, quizás, variarlos, según Conde propone al final de su artículo.



2. UTO ES MULATO

La novela comienza a diferenciarse de una de Tarzán, escrita por Rice Burroughs, desde el principio, cuando el Narrador se hace la pregunta: ¿Un Tarzán prieto y flaco?

Uto no es blanco ni forzudo ni procede de los grupos de inteligencia preparados para imponer sus criterios. Por lo tanto, no puede ser el héroe que represente física ni ideológicamente los intereses del Imperio. Pero Uto no se da cuenta de eso, y sigue adelante con su ideal: la de ser un héroe justiciero; por lo que organiza su plan y lo lleva a cabo. Uto, en realidad, representa a los héroes nativos que debían aparecer para llevar a cabo la hazaña de convertir a nuestro país en un lugar donde se consolide un proyecto de nación para los dominicanos, hecho por los dominicanos. 

3. EL NOMBRE DE LA NOVELA

No es una casualidad que el héroe se llame Uto y que su madre se llame Pía, y que en el pueblo de Los Uberos ligan el nombre del hijo con el de la madre y llamen a Uto: Uto Pía. Cuando juntamos las dos palabras en una sola, tenemos: UTOPÍA, o sea, según la Academia de la lengua: Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable ene el momento de su realización (2).

Uto vive una utopía. Pero la utopía en la novela no es sólo la peligrosa realización del viaje de Uto, el héroe, por territorios desconocidos y la casi imposibilidad de que éste encuentre a Tarzán. La utopía está también en el planteamiento ideológico del autor: Será muy difícil lograr que un héroe imponga en nuestro país lo que Francisco Henríquez y Carvajal y Juan Bosch no consiguieron, pero ahí están las nuevas generaciones de donde puede surgir el héroe, un Uto que pretenda sustituir al héroe imperialista por un héroe nacional.

4. El TARZÁN QUE UTO ENCUENTRA ES VIEJO 
Y YA NO PUEDE HACER LAS HAZAÑAS QUE HACÍA

Uto encuentra a Tarzán en un hospicio para ancianos. Allí el héroe se ha cambiado el nombre por el de sus padres, Clayton, y ha olvidado que alguna vez fue Tarzán. Este viejo Tarzán representa el deterioro en que ha caído el Imperio y el final de la imposición de su ideología dominante, con su pretensión de que sólo de entre sus hombres puede surgir el héroe que ayude a los países subdesarrollados a salir de su situación. Significa que, de alguna manera, el Imperio no puede en lo adelante contar con estos héroes infiltrados porque ya no tienen el poder de influencia que tenían antes.

Uto descubre la realidad y pierde su inocencia: su ideal ha sido frustrado, desenmascarado. Se decepciona, entiende la inutilidad de su hazaña. No hay Tarzán. El cuchillo de éste no sirve para nada, y Uto tendrá que seguir su vida, obedeciendo a sus padres. Pero, ¿se conformará Uto con esta posibilidad? ¿Abandonará Uto su ideal de ser un héroe justiciero? ¿Se dará cuenta finalmente que sólo contando consigo mismo podrá llevar a cabo su ideal? ¿Surgirá el héroe nacional esperado?
Rafael Peralta Romero no nos lo dice.

Las preguntas finales son:

¿Productos como “Avatar” y De cómo Uto Pía encontró a Tarzán son las nuevas propuestas culturales, anticipadas por Pedro Conde Sturla, que comienzan a contrarrestar la ideología original creada con el héroe Tarzán? ¿Está la Historia cambiando realmente?

Agosto 2010

NOTAS
1. Conde Sturla, Pedro. Ludovico Silva y Tarzán de los monos. Periódico El Caribe. País. Sábado 15 de agosto de 2009. P. 20.
2. Real Academia de la Lengua. Diccionario de la Lengua española. Vigésima primera edición. Madrid. 1992. P. 2053.